Las invasiones amenazan el aire de El Algodonal

13 octubre 2009

Habitantes de El Junquito denuncian la aparición de nuevas ocupaciones

En los años cuarenta el complejo hospitalario José Ignacio Baldó de El Algodonal era privilegiado. Estaba totalmente rodeado de áreas verdes, las necesarias para el tratamiento y mejora de los pacientes que acudían a este centro antituberculoso.

Sin embargo, hoy no cuentan con la misma suerte. La ocupación ilegal de terrenos se ha convertido en un dolor de cabeza para los trabajadores del hospital, quienes han visto cómo se multiplican los ranchos en las cercanías de su lugar de trabajo. La más reciente invasión está ubicada entre los kilómetros 3 y 4 de El Junquito, identificada con un cartel que reza “Sembrando revolución”. Juan Lemos, directivo de El Junquito y su Gente, asegura que hace cuatro meses se desalojó la toma, pero la acción de la Guardia Nacional no fue suficiente, pues los invasores volvieron a ocupar el lugar y hoy se observan casas menos improvisadas. “Nos sentimos humillados por las autoridades, hemos recurrido en miles de oportunidades a ellos para que esto no pasara, pero nadie nos hizo caso”, comenta Lemos, quien teme por la salubridad del hospital, pues está seguro que las aguas servidas de esta nueva comunidad irán a parar directo a El Algodonal. Y es que basta dar un paseo por la vía que conduce a El Junquito para notar cómo las barriadas han construido desagües que caen en la propia vía. Lemos también apunta, que con los escasos tres meses que tiene la invasión ya la ladera que da hacia el centro de salud se ha convertido en un botadero de basura para sus habitantes. Pero en El Algodonal conviven desde hace años las consecuencias de las invasiones: contaminación, inseguridad, fallas en el servicio eléctrico, malos olores entre otros. “Hace seis años logramos sacar a un grupo de gente que había invadido cerca del edificio de la maternidad Herrera Vega, pero ese ha sido el único logro, el avance ha sido incontrolable”, explica Félix Romero, representante sindical de los trabajadores de El Algodonal. Según los cálculos de Romero, cerca de 30% de los terrenos del valle que rodean al centro hospitalario, y que fueron declarados parque para su conservación, están ocupados por invasores. “Ellos ponen una bandera roja y hacen lo que les da la gana. Poco a poco se ha destruido la capa vegetal y cuando llueve el agua baja sin ningún tipo de control generando pequeños deslaves”, asegura Romero. Por su parte, Alfredo Pérez, jefe del Servicio de Nutrición y Dietética, lamenta que los drenajes improvisados terminen en las cercanías del hospital. El fango, la basura y los malos olores ahora rodean la región hospitalaria, dice y agrega que a consecuencia de las invasiones se tuvieron que realizar trabajos de embaulamiento de la quebrada que recorre el hospital. Pero de acuerdo con María Yanes, representante de la Sociedad Médica, las consecuencias pueden ser más graves. “Hay invasores que desvían el suministro de luz, generando cambios en la intensidad del voltaje y poniendo en peligro el funcionamiento de equipos delicados, como los ventiladores de terapia intensiva”, explica. De los tres edificios que conforman el complejo hospitalario, el Simón Bolívar se encuentra más afectado por las invasiones. Incluso, los habitantes de estos asentamientos han creado atajos dentro del hospital para salir de sus viviendas. Los trabajadores también insisten en que la inseguridad ha aumentado debido a las invasiones. “Hace una semana en la vía que conduce al pediátrico había un grupo de muchachos lanzando piedras a los carros y cuando la gente se bajaba los asaltaban”, relata Romero. En una asamblea que se realizará con los jefes de servicio esta semana esperan poder discutir el tema, informó Yanes.

Fuente: http://caracas.eluniversal.com/2009/10/13/ccs_art_las-invasiones-amena_1610565.shtml

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