"Carapita se ha convertido en una fábrica de muertos"

22 enero 2012

¿Qué pasó? ­preguntó una vecina.

­Mataron a Luis y a Wilman ­respondió un transportista.

­¿Por qué los matarían? ­indagó la mujer.

­Porque les daría la gana. Aquí todo es así ­dijo el chofer con resignación.

Varias personas hacían la cola el 3 de enero a las 5:00 pm en el kilómetro 8 de El Junquito para tomar el transporte hacia su hogar. La mayoría se dirigía al sector Santa Ana de Carapita, parroquia Antímano, pero los choferes que cubren esa ruta se declararon en paro luego de que a las 2:00 pm mataron a dos de sus compañeros de trabajo para robarles el dinero.

El doble homicidio hizo que los habitantes del sector no cumplieran con el acostumbrado toque de queda que deben hacer para garantizar su seguridad. En lugar de estar resguardados en sus hogares desde las 7:00 pm, hicieron peripecias para ir a su casa. Unos vecinos se pusieron de acuerdo para llegar a pie, mientras que otros pagaron a mototaxistas por hacerles la carrera.

Los crímenes y las muertes por balas perdidas forman parte del día a día de esta comunidad. Más allá de que las bandas que operan en Carapita algunas veces matan a sus víctimas si se resisten al robo, en cada sector hay reglas impuestas por los delincuentes. Si éstas no son cumplidas, se paga con la vida.

“Para nadie es un secreto que las bandas tienen que respetar las fronteras de cada zona. Si un grupo delictivo del sector San José pasa por El Manguito o Santa Ana, las bandas de esas áreas interpretan que están en busca de pelea porque ellos tienen culebra (problemas)”, comentó un vecino del sector Bicentenario.

Transportistas en zozobra.
Los choferes de las líneas de Carapita también respetan los territorios. Los conductores que transitan por el extremo derecho del barrio, que incluye sectores como 1° de Mayo, 5 de Julio, Monserrat, Bicentenario, La Acequia y El Zanjón, evitan pasar por el extremo izquierdo de la barriada, compuesto por Santa Ana, El Cambio, El Manguito, Las Torres y Barrio Chino.

Un conductor explicó que ellos obvian las rutas que no cubren para no tener inconvenientes. “Tratamos de resguardar nuestra integridad porque a diario entre 10 y 15 somos robados y retenidos por los delincuentes, que utilizan los carros para robar y matar, y después sus bandas enemigas nos obligan a decirles en qué parte los dejamos y a qué zonas fuimos”, relató.

Por 700 bolívares, que es lo que en promedio ganan diariamente, los choferes ponen en juego su vida cada vez que salen a trabajar. Si alguno no cumple con las órdenes de los delincuentes pueden ser despojados del jeep o asesinados.

“Hay quien dice que nosotros somos cómplices de los malandros, pero si no hacemos lo que nos piden, nos matan”, aseguró un conductor.

Aunque las autoridades no conocen con exactitud cuántas bandas delictivas operan en Carapita, se comprobó que la mayoría está integrada por menores de edad. “Los niños aprenden desde los 10 años a manejar armas largas y cortas.

Cuando aquí hay droga y alcohol, hay hampa”, advirtió una vecina de Santa Ana.

Prácticas de supervivencia.

Aunque los habitantes de Carapita tratan de ocultar el temor con el que viven, por posibles represalias, para algunos resulta inevitable no demostrarlo. Si les preguntan por la inseguridad, evaden la interrogante o simplemente en su mirada se ve la agonía con la que viven.

Sin embargo, casi todos realizan prácticas de supervivencia para no ser víctimas de la inseguridad.

“Yo sé quién es malandro y quién no. Simplemente me porto bien. No denuncio a quienes delinquen por aquí y los trato con respeto. Cuando me piden dinero, les paso algo para tenerlos como amigos. Lamentablemente Carapita se ha convertido en una fábrica de muertos”, dijo un residente del sector Santa Ana.

Las cifras de muertes violentas en Carapita no son el único indicador de que en esa zona populosa hay inseguridad. Recorrer a cualquier hora del día los sectores de esa comunidad revela el mal que aturde a sus habitantes. Todos los comercios, sin excepción, trabajan con las rejas cerradas y pasan la mercancía y el dinero a través de pequeños espacios.

En las noches las calles son transitadas por delincuentes, quienes se sienten dueños y con poder en la zona, mientras que las personas trabajadoras salen desde las 4:30 am de sus casas para sentirse más seguras.

Durante los fines de semana, el toque de queda es más respetado, pues el viernes y sábado en la noche las bandas delictivas aumentan su actividad. Los vecinos ya están acostumbrados a ver cómo los delincuentes bajan del cerro “armados hasta los dientes”, dijeron.

“Me da dolor ver lo que está pasando. Lo peor que pudieron hacer fue eliminar la PM. La Policía Nacional no sube a los sectores más peligrosos ni tampoco se mete en los callejones, que son un nido. A veces hablan con los malandros y saben que han matado gente, pero no se los llevan presos. Sólo les quitan las armas y ya”, dijo un vecino del sector 1° de Mayo.

Article source: http://www.el-nacional.com/noticia/16985/17/Carapita-se-ha-convertido-en-una-fabrica-de-muertos.html

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