En riesgo 60% de comunidades caraqueñas

7 junio 2010

En Caracas, por los cuatro costados, la vulnerabilidad se siente. Con los recientes palos de agua, la cosa no ha estado fácil. Lagunas y árboles caídos es lo que más han reportado los organismos oficiales. Pero cerro arriba, la realidad es otra. Sólo en el municipio Libertador, el riesgo latente alcanza a 60% de las comunidades, según datos aportados por Jorge Molina, arquitecto y ex comandante de los Bomberos Metropolitanos.

Molina, quien actualmente es director de Protección y Prevención Ambiental de la Alcaldía Metropolitana, explicó que históricamente son los mismos sitios y las mismas parroquias las que están en situación de riesgo, a saber, la carretera vieja Caracas-La Guaira, Gramoven, los barrios de 23 de Enero, El Valle-Coche, La Pastora, Lídice, San Agustín, La Vega, la vía hacia la Panamericana, los primeros kilómetros de El Junquito, la Cota 905, Casalta, Los Mecedores y Altagracia, por citar las más problemáticas.

Sucede ahora que el grado de afectación y el colapso estructural de las viviendas es superior, precisamente por las mismas condiciones inestables de los terrenos -en su mayoría de composición arcillosa- que han sido intervenidos indiscriminadamente por el hombre; por el peso de las casas (que hoy en día no son de tablas sino de bloques y de varios niveles); por la carencia de servicios públicos, pues incluso hay quienes tienen pozos sépticos.

Para ilustrar ese último problema, tenemos que en el kilómetro 2 de la vía hacia El Junquito hay una drenaje improvisado de aguas podridas que no sólo se diluye por la cuneta del lado subiendo, sino que ahora atraviesa la calle y llega hasta el kilómetro 0 sin que nadie detenga el chorro maloliente.

La misma situación se puede evidenciar en la invasión ubicada en la entrada del Hipódromo, en La Rinconada, donde hay una laguna de aguas putrefactas cuya data supera los tres años.

No menos grave es la situación en la Cota 905, en el cerro de Roca Tarpeya, donde hace un par de semanas se presentó un deslizamiento, y en el sector Genoveva de la carretera vieja Caracas-La Guaira, espacios completamente repoblados a 10 años de la tragedia de Vargas.

En ese sentido, el experto vaticina que posiblemente se produzcan deslizamientos de tierra en estos tiempos de lluvias, los cuales incluso pueden estar influenciados por los efectos de ocho huracanes.

Quizás no descubre el agua tibia, pero el alerta que hace es porque los meses que van de julio a septiembre son de aguaceros intensos, por lo que hizo un llamado a la población y a las autoridades locales a meterles el ojo a todas esas áreas críticas donde habrá más de 40 mil familias en situación de riesgo.

Cabe destacar que esa cifra no es oficial, dado que en la actualidad ha sido difícil cuantificar las unidades habitacionales, precisamente por el desarrollo de nuevas barriadas.

Sucre en la cola. En ese lado popular del este capitalino, las condiciones topográficas revisten igual preocupación pues allá las montañas no escapan de los cambios estructurales.

En su mayoría, los cerros -se dice que 80% de ellos- se caracterizan por ser sectores de gran altura; por eso, ese mismo porcentaje es sinónimo de peligro. Gabriel de Andrea, director de Protección Civil-Sucre, sostiene que un poco más de 40% de la población está radicada en espacios muy vulnerables.

La mayor parte de esas comunidades se iniciaron como invasiones hace años. Si tomamos únicamente el tema de la ausencia de redes de tuberías, fácilmente la regla igual dice que son años de filtraciones y de terrenos húmedos que han perdido su estabilidad.

En Sucre tenemos los barrios nuevos en la carretera Petare-Santa Lucía (13 de Enero, Brisas Bolivarianas, 12 de Enero, Anaco II, Brisas de Anaco, Villa Luna), San Isidro, Juventud Bolivariana, San Blas, La Dolorita, Caucagüita, Paulo VI, Mariches, Carpintero, quebrada Agricultura, El Encantado y Turumo, por mencionar los más vulnerables.

De Andrea sostiene además que las casas de esos sectores no son sismorresistentes y están edificadas sobre suelos colapsados que incluso tienen antecedentes de derrumbes.

Citó el caso de San Isidro, una zona donde ha habido eventos importantes con decenas de damnificados. Según declaró, allí continúa la situación crítica, pues personas que fueron reubicadas por el Gobierno central tras los deslaves de esta última década repoblaron las estructuras en ruinas.

En ese caso, afirmó: “Hicimos las notificaciones al Ministerio de Obras Públicas y a Protección Civil nacional, al igual que se les ha informado que los invasores también están arreglando las viviendas colapsadas. Esa gente no ha entendido que estar allí representa un peligro… y de muerte”.

También se refirió a la otra invasión ubicada detrás del barrio Juventud Bolivariana, en la cual acotó que hay hasta un CDI: “Estamos en desacuerdo con esta situación, nos mantenemos en alerta y estamos actuando con todas las herramientas para evitar las ocupaciones ilegales”.

Es importante resaltar que esas zonas son sólo una pequeña parte del problema. Se calcula que en el municipio Sucre hay un poco más de 900 comunidades donde los deslizamientos son una constante.

Baruta en alerta. En 2008, se registró una serie de deslaves ocurridos en Baruta que afectaron Santa Cruz del Este (zona popular) y decenas de zonas urbanizadas como Cumbres de Curumo, Colinas de Bello Monte, Santa Inés y Los Campitos.

En la actualidad, Félix Machado, de Protección Civil-Baruta, dice que están haciendo un levantamiento de riesgo conjuntamente con la Universidad Simón Bolívar y están empezando por el sector Las Minas, donde hace tres años hubo un censo de 3 mil personas y ya se calcula el doble.

En cuanto a la vulnerabilidad, dice que toda Caracas la tiene y que ellos se mantienen mosca, principalmente con el riesgo hidrometeorológico, pues tienen una quebrada que comienza en Hoyo de la Puerta y finaliza en el Cementerio del Este. También las zonas de Las Mercedes y Chuao revisten peligrosidad por la crecida del Guaire.

Ante ese panorama, se recomienda a la población, como medida preventiva, que no siga construyendo en las riberas de ríos y quebradas, ni en cerros inestables. De ello dependerá que disminuya el riesgo.

GRAMOVEN SE DESHACE CUAL GALLETA DE SODA

El eje Gramoven, de Catia, está compuesto por 22 sectores repartidos en 1.800 km² de tierra ubicada encima de la falla Tacagua, el accidente geológico más sobresaliente del valle de Caracas, que se ha convertido en una amenaza sísmica latente. De todos esos sectores, no hay ni uno que no haya sufrido por los derrumbes y hundimientos. Todavía se recuerda cómo las casas del barrio Nueva Esparta se partieron cual galletas, precisamente por el movimiento del cerro que llevó incluso al colapso total del viaducto 1 de la vía Caracas-La Guaira en enero de 2006.

El barrio El Cardón es un ejemplo clásico de esa problemática. Allí quedan cerca de 400 habitantes, aproximadamente 177 familias. Ninguna vive en una casa estable. Todas las viviendas tienen grietas enormes y han perdido espacios.

De hecho, ninguno de los residentes puede contar hoy en día que tiene una vivienda con todos sus servicios. “Mi cuarto ya no existe, tuvimos que mudar las camas para la sala”, dice Manuel Acosta.

Lo que cuenta Manuel es el común denominador, pues en El Cardón bien puedes tener una casa de dos pisos, pero de nada sirve porque el agrietamiento es tan activo que los habitantes han tenido que ir acomodándose en los rincones de la casa que aún permanecen estables.

“Aquí en El Cardón nadie se muere de hambre porque la tierra ha sido generosa. Pero sufrimos mucho con los derrumbes. Allá había un cerro que se tragó las casas. La segunda vez hizo como un volcán y todo erosionó. A mi casa vienen las autoridades y dicen que cómo seguimos en estas condiciones. Pero qué podemos hacer. Esperamos por la reubicación. Nos ofrecen apartamentos en los terrenos de la Coca-Cola, en la entrada de Gramoven. Tenemos fe, pero no todos saldrán”, afirma.

Nora Lezama narra su historia y agradece a Dios porque, a pesar de los desastres, “en el barrio no hemos tenido fallecidos, pero es doloroso vivir con miedo incluso cuando hay sequía”.

En esa comunidad no llega el transporte público y el suelo del único preescolar parece la capa de un ponqué cuando se levanta. Allí viven dos familias damnificadas. “Estamos hacinados, pero lo peor es que adentro llueve más que afuera. Así están las cosas”, relata María Díaz.

Fuente: http://www.ultimasnoticias.com.ve/capriles/cadena-global/detalle.aspx?idart=3126356&idcat=56431&tipo=2

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