Tomó el volante del Tiuna que lo llevó hasta la inauguración del acueducto El Junquito, luego de inspeccionar la construcción de la carretera que comunicará a Mamera con esta parroquia del estado Vargas y constatar lo que desde el aire pudo observar cuando sobrevoló el área.
En el camino le acompañó una certeza, la moderna vía Mamera – El junquito el próximo mes de marzo estará concluida, será una realidad que en julio también contará con un sistema de distribuidores y vías de incorporación y salida.
Cerca de las 3 de la tarde empezó a recorrer las calles de este turístico pueblo en ese carro descubierto, desde donde saludó a cuanto caminante tomó por sorpresa en el camino.
A lo largo de la carretera adultos, jóvenes y niños gritaban su nombre: ¡Chávez!, ¡Chávez!, y seguidamente un “te quiero” y manos extendiéndose lo más que podían, para tocarlo. Él manejaba lento para poder escuchar y fundirse entre abrazos.
Apagó los motores y descendió del carro para entrar a una casa, donde una familia sorprendida y feliz por su presencia salió a la puerta a recibirlo. No podían creer que fuera él: “¡Es Chávez! ¡Es Chávez!”, decían. De inmediato prepararon un cafecito y ahí estaban pueblo y presidente compartiendo una esperanza.
Al salir, más gente se había sumado a la calle, la voz corrió rapidito, estas personas expresaban amor y confianza por el Presidente y el líder de un proyecto que pasa por la refundación ética y moral de Venezuela: Socialismo.
La siguiente parada fue el Centro de Atención Integral “Manuela Sáenz”, de la Misión Negra Hipólita, que alberga mujeres que estaban en situación de calle. Allí tienen la oportunidad de cambiar sus vidas a partir del esfuerzo propio y del apoyo que les ofrece el Gobierno Bolivariano.
La alegría se desbordó y un bebé de apenas unos meses de nacido, que tomó entre sus brazos, lo cubrió de magia. Más adelante un grupo de muchachos jugaba béisbol en un terreno cercano a la vía por la que transitaba. Aquí también se bajó.
Se miraron entre sí como preguntándose, “¿es Chávez?”, y con un “¡epa muchachos!”, se acercó a ellos y hasta jugó béisbol. Intercambiaron risas, bromas y un compromiso: “ustedes hagan deporte y estudien, sean buenos hombres y yo les facilitaré todos los implementos para seguir jugando béisbol y educándose”.
Fuente: http://www.minci.gob.ve/noticias_-_prensa/28/195900/un_camino_de.html






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