Diez personas son amenazadas cada día con ser secuestradas

12 diciembre 2009

Grupos de extorsión aprovechan el miedo de los caraqueños a ser plagiados

Hace dos semanas que el comerciante Manuel Fernández recibió la llamada de unos sujetos que le aseguraron que si no aceptaba darles un pago secuestrarían a su hijo. Los delincuentes le dijeron donde estudia el pequeño y le hicieron un resumen de su rutina. Después de eso, Fernández tomó dos decisiones: le puso escolta a su niño y comenzó a ahorrar para pagar la extorsión.

Casos como el de Fernández, cuyo nombre fue cambiado por su seguridad, ocurren al menos 10 veces cada día. Según fuentes del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas, en promedio, cada día, diez personas son llamadas para hacerles una amenaza de secuestro. Estos casos en la práctica no son reportados y no forman parte de las estadísticas oficiales.

El sistema

Según el Cicpc varias de estas organizaciones operan desde las cárceles, hasta ahora han detectado a reclusos de la Penitenciaría General de Venezuela y de la cárcel de San Felipe, en Yaracuy, quienes se dedican a este delito. Suelen conseguir la información de redes sociales en Internet o, incluso, de anuncios en páginas de ventas de inmuebles y vehículos o en artículos en los que se dan datos de las personas que están vendiendo. Estos sujetos usan dos modalidades, una en la que aseguran que pagando una suerte de “vacuna” no van a ser secuestrados y la otra en la que hacen lo que la policía llama “secuestro virtual”. En esta modalidad llaman a dos miembros de una familia asegurando estar en posesión del otro, dicen que no puede llamar al secuestrado porque si lo hace lo matan. Usan los teléfonos como puente para que las dos personas escuchen la voz del otro, creyendo que están en manos de los captores; además aseguran que hay policías involucrados, por lo que es inútil denunciar, y de hacerlo amenazan con matar a la supuesta víctima.

Aunque es posible que una de las personas se dé cuenta de que se trata de un engaño, el miedo lleva a muchas víctimas a pagar: bien en depósitos en cuentas bancarias abiertas con nombres falsos o bien mandando los códigos de tarjetas telefónicas. Según las investigaciones los reos que ejecutan estas extorsiones están en la cárcel por delito de secuestro.

Otra modalidad es pasar volantes bajo la puerta de negocios, en especial en Mariches y El Junquito, exigiendo a los comerciantes el pago de vacuna. Muchos pagan por miedo. La policía recibe unas cuatro denuncias al mes de este tipo, sobre todo cuando, tras unos meses de haber pagado, vuelven a tratar de cobrar.

El ex director de la antigua PTJ y especialista en materia de secuestro, comisario Fermín Mármol León, explica que algunas bandas se están dedicando a investigar a comerciantes para extorsionarlos. También, en ocasiones siguen a personas que anuncian en su propio vehículo que éste está en venta.

Cuando reúnen suficiente información sobre la víctima la llaman por teléfono diciendo que secuestrarán a esposa o hijos si no paga. Explican que es inútil llamar a la policía porque son parte de la organización.

Dice que estas organizaciones suelen establecer como sitio de pago un centro comercial o un depósito en una cuenta, pero los montos no son muy altos.

De los diez casos que se pueden presentar en un día, cerca de la mitad realiza el pago, comenta Mármol, al tiempo que dice que estas organizaciones manejan listas de más de 20 personas; de ésas, alguna pagará.

“La gente cuando recibe una llamada de éstas pega un salto, pues vive en el miedo y temen más a la policía que a los delincuentes”, asegura el comisario.

El psicólogo social Axel Capriles explica que los altos índices de inseguridad y la impunidad generan un estado de acostumbramiento: “La gente da por hecho que va a ser la próxima víctima: Cuando suena el teléfono las madres están en estado de alarma continua”. Así que los sujetos se aprovechan de ese clima emocional de miedo y zozobra, que lleva al familiar que recibe una llamada de los supuestos secuestradores a no tomar en cuenta otra serie de indicadores, y sólo corren a pagar.

Capriles explica que la gente se siente sola, desconfía de la policía y comienza a dudar de las personas que están a su alrededor y que podrían haber suministrado información a los delincuentes.

Fuente: http://deportes.eluniversal.com/2009/12/07/sucgc_art_diez-personas-son-am_1680203.shtml

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