Llegar a un barrio toma hasta cuatro horas en días hábiles

12 diciembre 2009

El Estado carece de opciones para atacar el problema en el corto plazo

El drama de la movilidad en la ciudad no se limita a los retrasos en el sistema Metro, la mala vialidad, la falta de autobuses o el tráfico. Para los residentes de asentamientos extra urbanos eso es poca cosa. Cuando llegan a la estación del metro o la parada de autobús, el vía crucis apenas comienza.

Freddy Guerrero, de 23 años, se levanta antes de las 4 de la mañana para poder estar en su trabajo en La Urbina a las 9 a.m. Vive en el sector Buena Vista de la carretera Petare-Santa Lucía y jura que sólo sale de su casa por necesidad.

A las 4 de la tarde, ya es tarde para volver. Todos los días le espera una golpiza debajo del puente Las Flores, en Petare, para abordar el autobús que lo deja a unos kilómetros y otras tantas escaleras de su casa. En la parada espera una hora o más y, cuando logra montarse, paga de 7 a 15 BsF dependiendo de la hora y el humor del conductor. Si se sube a las 6 de la tarde, llega a las 9 de la noche. Eso en los “rapiditos” (que hacen menos paradas). Los lentos cuestan 3,5 BsF por puesto.

Hacer mercado es lo peor, asegura. Los conductores cobran 2 BsF por cada bolsa que guardan. Freddy se olvidó de salir de noche. Después de las 9 de la noche no hay transporte colectivo hasta su casa, los taxis no llegan hasta allá y abordar una moto es la autocondena a un robo. Los mototaxi cobran 70 BsF hasta su casa antes de que oscurezca y 120 BsF después. “Es rápido, pero con mucho riesgo. Igual uno se encomienda en cada viaje sea en moto o autobús”, cuenta Freddy, quien invierte 250 BsF en taxi cuando tiene que llevar a su bebé al médico: “No lo voy a exponer a ese trajín”.

Lisbeth Salgado está de acuerdo. El jueves pasado se le cayó de los brazos su hijo de un año en la trifulca para subirse al rústico que llega a Mariche. “Uno pasa horas haciendo la cola y cuando llega el jeep se montan los hombres, porque son más fuertes y empiezan a dar golpes como salvajes. Deberían poner fiscales y policías aquí para controlar este desastre”, afirmó.

En el extremo oeste la situación no varía. Las camionetas que suben hasta el barrio El Ocho en la carretera de El Junquito y que salen desde Antímano cobran 10 ó 5 BsF, dependiendo de si el pasajero quiere hacer cola o no para abordarlos. Cuando llega a la parada, se repite la historia de Petare.

El ingeniero vial, Daniel Quintini, coincide con la arquitecto, María Isabel Peña en que las autoridades deberían trabajar en opciones como la instalación de funiculares. Según ellos, con una planificación deficiente en el país: “Hay otras opciones menos costosas que las de cable y que se ajustan mejor al terreno de nuestra ciudad que no siempre es empinada”.

Fuente: http://www.eluniversal.com/2009/11/30/ccs_art_llegar-a-un-barrio-t_1670820.shtml

Comparte o envía esta información a tus amigos:
  • Digg
  • del.icio.us
  • Facebook
  • NewsVine
  • Reddit
  • StumbleUpon
  • Google Bookmarks
  • Yahoo! Buzz
  • Twitter
  • Technorati
  • Live
  • LinkedIn
  • MySpace

Shared Post

Noticias relacionadas

Déjanos tus comentarios

Post anteriores:

Proximo post: